1/5/11

El candor del padre Brown

"Cuando Flambeau se tomó su mes de vacaciones y dejó su oficina de Westminster, lo hizo en un pequeño velero, tan pequeño que la mayor parte del tiempo funcionaba como bote de remos. Además se fue de vacaciones por los ríos de los condados del este de Inglaterra, ríos tan pequeños que el bote parecía un bote mágico navegando sobre la tierra firme, a través de prados y campos de trigo. El barco sólo tenía capacidad para dos personas y para las cosas más esenciales y Flambeau lo había aprovisionado con aquellas cosas que su especial filosofía consideraba esenciales. Al parecer, se reducían a cuatro: latas de salmón, por si tenía hambre; revólveres cargados, por si deseaba pelear; una botella de coñac, por si se desmayaba; y un sacerdote, por si se moría."

(G. K. Chesterton, El candor del padre Brown, Alianza Editorial 2010, 317 pág.)

Los personajes, salvo el del padre Brown, son esquemáticos. Las tramas resultan de una verosimilitud anticuada. De pronto, en medio de la pesquisa criminal, surge un problema espiritual, una tensión religiosa que el padre Brown resuelve al tiempo que identifica al asesino. Chesterton, como después Evelyn Waugh y Graham Greene, practicó la apología del catolicismo, ese género tan inglés. Mientras tanto, nos obsequia con fragmentos tan agradables como el que antecede este comentario.

1 comentario:

Envios Express dijo...

Excelente post, profundo, conmovedor lograste transmitir bastante interés para seguir por el camino.