15/9/10

¿Quién mató a Rosendo?

“Vivíamos en un galponcito forrado con madera y se criaban chinches y toda una serie de cosas, y la vieja decía que más vale hacer una pieza en el terreno que había comprado el viejo, aquí en Gerli. Y él se decidió un día y con un amigo levantaron la pieza. Las chapas alcanzaron para el techo, que es lo fundamental, y el resto lo cerraron con una lona. Esa noche llovió y tuvimos que andar por arriba de las camas, porque se había inundado todo y era un terreno que no tenía zanja. Después nosotros mismos hicimos la zanja, y la pieza se fue terminando de a poco con ladrillos, y la cocina con chapas de cartón. Había muchas miserias en aquel entonces, y las sigue habiendo. Naturalmente, hay veces que cuando los padres conversan, no se dan cuenta de que los hijos están escuchando, o se dan cuenta, pero no saben en el subconsciente todo lo que puede quedar en un ser humano, ¿no? El viejo se daba maña para todo, colocaba mosaicos, levantaba paredes, hacía fino y grueso, pero bajo patrón no aguantaba mucho tiempo. Cambiaba de trabajo como de camisa, porque decía : “A mí no me van a explotar estos hijos de puta”, y a veces contaba cómo eran las cosas anteriormente, cómo algunos se dejaban explotar, cómo algunos resistían la explotación, cómo se rebelaban. Él, más bien trabajó de changa, claro que a veces terminaba vendiendo empanadas. Él tenía su rebeldía, naturalmente, era peronista, pero no era un hombre armado ideológicamente.”

(Rodolfo Walsh, ¿Quién mató a Rosendo?, 451 editores 2010, 196 páginas. Prólogo de Isaac Rosa)

El reportaje sobre el asesinato de un dirigente sindical que acaba siendo literatura. Una especie de Cortázar sin veleidades estéticas.

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