7/8/10

Los caminos sin ley

El catolicismo, pensaba yo, tiene que redescubrir la técnica de la revolución; aquí, entre esas pálidas violinistas, esa técnica no se practica. Y esas mujeres prósperas y entrometidas que forman grupitos separados de los obreros por unos cuantos decímetros de tierra polvorienta y un abismo espiritual, son almas buenas, estoy seguro, pero un poco demasiado ansiosas en su afán de que el obispo sea bien recibido y no se fatigue excesivamente. Me preguntaba cómo habrían reaccionado ante las palabras de Santiago (citadas por Pío XI en una de sus últimas encíclicas): “Idos ahora, hombres ricos; llorad y gemid por las desdichas que os acaecerán. Vuestras riquezas están corrompidas, y vuestras ropas apolilladas. Vuestro oro y vuestra plata son cancerosos; y su orín será un testimonio contra vosotros, y comerá vuestras carnes como un fuego...”. Ésas son las palabras de la revolución; no la vaga promesa de que los libros mayores serán inspeccionados (¿cómo podría confiar en un libro mayor un obrero mexicano que vive con treinta y cinco céntimos al día?).

Graham Greene, Los caminos sin ley, Edhasa 2007, 377 páginas

Graham Greene visita México durante los años 30 y queda gratamente horrorizado. El México de la crueldad de las películas de Buñuel.

2 comentarios:

Gww dijo...

No conocía este libro de Greene pero parece que el catolicismo y los dilemas morales vuelve a protagonizar sus páginas. Curioso que su visita a México fuera el desenlace de sus impresiones.

Un abrazo.

croix dijo...

Así es, y además se muestra como católico militante, sin ambigüedades.

Saludos.

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