26/6/10

París no se acaba nunca

Pero cuando unos años después, exactamente en febrero de 1974, volví a París -esa vez, aunque no lo sabía, no para quedarme cinco días sino dos años-, yo no era ya el mismo joven vanidoso de aquella mañana de lluvia y frío. Seguía siendo bastante idiota pero quizás no tan vanidoso y, por otra parte, había aprendido a ser ya algo astuto y prudente. Lo fui cuando una tarde, en la rue Saint-Benoît, mi amigo Javier Grandes, al que había ido yo a visitar -mejor será decir a espiar- a París, me presentó en plena calle a Marguerite Duras y ésta, sorprendentemente, a los pocos minutos -guiándose tal vez por la confianza que le inspiraba Javier- ya me había ofrecido esa buhardilla por la que antes de mí habían desfilado inquilinos más o menos ilustres de la bohemia y hasta incluso algún político, también ilustre. Porque en aquella buhardilla habían vivido antes, entre otros amigos de Duras, el mismo Javier Grandes, el escritor y dibujante Copi, la delirante travesti Amapola, un amigo del mago Jodorowsky, una actriz de teatro búlgara, el cineasta underground yugoslavo Milosevic, e incluso el futuro presidente Mitterrand, que en el 43, en plena Resistencia, se había ocultado allí dos días.

(Enrique Vila-Matas, París no se acaba nunca, Anagrama 2003, 233 paginas)


La típica ensalada de literatura de Vila-Matas, esta vez un poco más alegre.

No hay comentarios: