14/5/10

Los culpables

No contesté porque en ese momento empezaba una carrera de Fórmula 1 y yo quería ver a Schumacher. La vida de Schumacher no es como los guiones de Woody Allen: él sabe dónde está la meta. Cuando me conmovió que Schumacher donara tanto dinero para las víctimas del tsunami, Cata dijo: “¿Sabes por qué da tanta lana? De seguro le avergüenza haber hecho turismo sexual allá.” Hay momentos así: Un hombre puede acelerar a trescientos cincuenta kilómetros por hora, pude ganar y ganar y ganar, puede donar una fortuna y sin embargo puede ser tratado de ese modo, en mi propia cama. Vi el fuete de montar con el que salgo al escenario (sirve para espantar las flores que me avientan). Cometí el error de levantarlo y decir: “¿Te prohíbo que digas eso de mi ídolo!” En un mismo instante, Cata vio mi potencial gay y sadomasoquista: “¿Ahora resulta que tienes un ídolo?”, sonrió, como anhelando el primer fuetazo. “Me carga la chingada”, dije, y bajé a la cocina a hacerme un sándwich.

(Juan Villoro, Los culpables, Anagrama 2008, 164 páginas)

No hay comentarios: