23/5/10

El cantante de boleros

A las cuatro y media me planto cargado como un burro delante de la puerta de una clienta que se llama Carmen y que siempre nos mete prisas. Toco tres veces el timbre y tarda un poco en responder. Eso me jode bastante, pero cuando abre la puerta me recibe en bragas y sujetador. Hace calor pero tampoco hay para tanto. Me hace pasar al comedor y mientras avanzamos por el pasillo dice que el calor la está volviendo loca. Luego me guiña el ojo y me invita a una cerveza. Le sobran los michelines por todas partes, así que le doy la primera excusa que se me ocurre y escabullo el bulto.

Sobre esta mujer circulan por el barrio muchas historias. Vive al otro lado de la calle, mi balcón queda a la misma altura que su retrete y más de una vez la he visto asomarse por la ventana con la cabeza llena de rulos y las tetas al aire.

(Javier Tomeo, El cantante de boleros, Anagrama 2005, 177 páginas)

Otro de los inadaptados inquietantes de Tomeo. Como una ducha fría: desagradable pero tonifica.

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