25/4/09

La era del Capital, 1848-1875 (Eric Hobsbawn)


Un monseñor francés con intenciones misioneras lo expresó así:
“El buen Señor no necesita a los hombres, y la extensión del Evangelio se consigue sin ninguna ayuda humana; sin embargo, para el comercio europeo sería glorioso el prestar su colaboración en la tarea de derribar las barreras que se interponen en el camino de la evangelización...”
En efecto, los “exploradores” de mediados del siglo XIX fueron simplemente un subgrupo bien lanzado en el aspecto publicitario, pero de escasa importancia numérica perteneciente a una asociación muy grande de hombres que abrieron el mundo al conocimiento. Eran aquellos que recorrían zonas en las que el desarrollo y el beneficio económico no eran aún lo suficientemente activos como para reemplazar al “explorador” por el comerciante (europeo), el buscador de minerales, el topógrafo, el constructor del ferrocarril y el telégrafo y, finalmente, siempre que el clima fuera bueno, el colonizador blanco. Los “exploradores” dominaron la cartografía del interior de África porque dicho continente no tuvo ventajas económicas muy claras para Occidente entre la abolición del comercio de esclavos del Atlántico y el descubrimiento, por un lado, de piedras y metales preciosos (en el sur), y por otro, del valor económico de ciertos productos primarios que sólo crecían o se podían cultivar en climas tropicales, artículos que, además, aún no podían obtenerse mediante la producción sintética.

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