7/2/09

Extraña forma de vida (Enrique Vila-Matas)

Mi padre se pasaba las misas simulando que rezaba cuando en realidad se dedicaba a sostener un lúgubre zumbido. En compensación mi madre vivía feliz, ajena al drama, convencida de que era mi padre el hombre más piadoso de la tierra. Yo espiaba con angustia aquella felicidad de mi madre, y con el mismo ánimo angustiado espiaba la farsa pagana de mi padre. No sé quién dijo -creo que fue Conrad- que los hombres nacemos cobardes y que ésa era toda una dificultad. Justo cuando estaba más metido que nunca en su papel de ateo secreto, puse en práctica por primera vez en mi vida esa forma de discreción que sólo está al alcance de aquellos que, aun sin saberlo, están predestinados a ser , el día de mañana, los más consumados espías: esa maligna y refinada forma de discreción que consiste en aparentar la ignorancia de un secreto ante la persona que con tanta ilusión nos lo ha confiado.

Intolerable me pareció de pronto la ausencia o, mejor dicho, la desaparición de Dios. Antes estaba en toda partes, pero en este siglo se ha esfumado, se nos ha evaporado. Me dije de pronto: Dios mío, me pregunto quién nos ve. Y después me dije: A mi manera yo he tratado de comportarme como si fuera el Dios antiguo de los cristianos. A mi manera yo he tratado de estar en todas partes y espiarlo todo, espiar a todo el mundo. Extraña forma de vida.
***
(Extractos de Extraña forma de vida)

No hay comentarios: