14/3/13

El jardín colgante


Barcelona ha pasado muchas épocas siendo prisionera de España. Esta vez, sin embargo, no se trata de España encarnada en un general que arroja sus bombas, ni tampoco de una horda de descontentos que queman iglesias. Esta vez la España que mantiene a la ciudad hechizada es un paseante oscuro, con un sombrero negro que le tapa la cara y un abrigo en cuyo interior esconde una colección de cuchillos. A veces se cuela en los dormitorios de los adolescentes y les susurra en el oído mientras duermen y cuando se despiertan ya no tienen alma y sus ojos han perdido la luz de la vida y corren a alistarse en partidos políticos o a unirse en manifestaciones por las calles. Otras veces entra con sigilo en una librería de izquierdas o en la redacción de algunas revista satírica y se quita el sombrero para enseñar una sonrisa llena de colmillos y cuando sale un par de minutos más tarde todos los ocupantes del lugar duermen plácidamente en el suelo en medio de charcos de sangre.


                                    

2 comentarios:

SBP dijo...

Curioso, leo esta entrada mientras la inmobiliaria enseña a posibles inquilinos el piso de al lado. Mezcla de curiosidad y miedo. Ahora estábamos bien sin vecinos un tiempo. Y creo que estos tampoco son España.

croix dijo...

La burbuja inmobiliaria no tiene patria.

Saludos.