6/5/12

Zizek vs. Milbank


El duelo intelectual entre un ateo y un creyente ha llegado a constituir una significativa tradición contemporánea. Pero, a pesar de existir una historia de antecedentes, nunca antes el género había propiciado el encuentro de dos figuras tan discrepantes como las que dialogan sobre la interpretación del cristianismo en The Monstrosity of Christ.  En una esquina, el filósofo esloveno Slavoj Žižek. En la otra, el teólogo británico John Milbank, impulsor desde el catolicismo anglicano de un proyecto de “ortodoxia radical”, para el que todo pensamiento ajeno a lo divino desemboca, en última instancia, en el nihilismo. Mientras Milbank afirma la imposibilidad de sostener cualquier ámbito temporal sin el reconocimiento de su participación en la eternidad de Dios, Žižek se propone el desarrollo de una “teología materialista” sin recurso a lo trascendente. La postura de Žižek parte de la aseveración de que la muerte de Dios no es una condición post-cristiana, sino la esencia del cristianismo. Quien muere en la cruz no es la Encarnación de Dios: es Dios mismo. Y el que muere es un Dios débil y disminuido, incapaz de intervenir en el mundo. El momento revelador es la exclamación de Cristo en la cruz: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? La postura atea correcta no es entonces la lucha contra el teísmo ni la indiferencia hacia la religión sino el regreso a la creencia sin referencia a lo divino: “Sólo los ateos pueden creer de verdad.” En una dimensión, el proyecto de Žižek es, sencillamente, una nueva articulación de la gramática común a todas las teologías revolucionarias que, bajo diferentes signos políticos, han incendiado a los espíritus más radicales de los últimos tres siglos. Lo distingue, sin embargo, un rasgo fundamental: la voluntad de formular, desde el marxismo, el contenido liberador de la religión. En este cristianismo subversivo, la resurrección de Cristo es un signo de la resurrección material de la esperanza. La recuperación marxista de la religión no es una excentricidad ideológica ni un acto de oportunismo, sino una maniobra de autoconciencia histórica del marxismo con respecto a sus orígenes intelectuales. (Artículo completo)


3 comentarios:

Àlex N. Everett dijo...

Una conversación interminable...
Siempre me he preguntado si la base de un diálogo es, realmente, llegar a un acuerdo, ya que, si no, ¿de qué sirve un diálogo en el que cada uno acaba con el argumento con el que empezó y sin variar ni un ápice su postura?
Interesante artículo. Un saludo.

Manuel Marcos dijo...

Me quedo con la exégesis psicoanalítica de Zizek y su sentido del humor. Qué cada cual crea en lo que quiera. Quizá en vez de acercar posturas, que también, lo que haya de quedar claro, quedará más claro si las posturas son claramente antagónicas. No me imagino a Milbank y Zizek, comiéndose una hamburguesa en Central Park.
Se ve claramente que son dos personas distintas, gracias a dios.

croix dijo...

Estas polémicas inagotables son como esos partidos de fútbol de máxima rivalidad: nunca se resuelve nada pero la afición disfruta.

Saludos a ambos.