19/2/12

Comunión y Liberación

Si bien sus raíces se hunden en la década de los cincuenta, Comunión y Liberación sólo obtiene verdaderos triunfos desde mediados de los setenta. Fundado por un cura de la diócesis de Milán, don Luigi Giussani, deseoso de reafirmar los valores fundamentales del catolicismo en una sociedad italiana que la modernidad ha vuelto profundamente laica, el movimiento se sitúa por largo tiempo al margen de la Iglesia, abocada a preparar y poner en marcha el Concilio Vaticano II.

Giussani y sus discípulos consideran que el mundo sólo adquiere "sentido religioso" para quienes atestiguan expresamente su fe en el acontecimiento de la revelación y aceptan su misterio. Esta actitud determina una ruptura radical entra la sociedad cristiana y la laica.

El aggiornamento que propugna el Concilio toma nota de los arcaísmos del discurso de la Iglesia y de su creciente incomprensión por parte de la sociedad; a fin de remediarlo, busca los modos de que aflore aquello que en la sociedad secular, a veces inconscientemente, se identifica o confunde con el proyecto cristiano. De este modo espera romper el círculo vicioso de un aislamiento espléndido y encontrar su sitio en el mundo moderno.

La posición de Giussani y sus discípulos es radicalmente distinta. Para ellos no se trata de modernizar el cristianismo sino de cristianizar la modernidad. Se niegan a aportar humildemente el grano de arena cristiano a un edificio cuyos cimientos se apoyan en la roca de la Ilustración.
 
(Extractos de La revancha de Dios de Gilles Kepel)

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