18/1/09

Beatriz Preciado: el pensamiento freak

Mientras la retórica de la violencia de género infiltra los medios de comunicación invitándonos a seguir imaginando el feminismo como un discurso político articulado en torno a la oposición dialéctica entre los hombres y las mujeres, el feminismo contemporáneo no deja de inventar imaginarios políticos y de crear estrategias de acción que ponen en cuestión aquello que parece más obvio: que el sujeto político del feminismo sean las mujeres blancas, heterosexuales, sumisas y de clase media. Emergen de este cuestionamiento nuevos feminismos de multitudes, feminismos para los monstruos, proyectos de transformación colectiva para el siglo XXI.

Uno de los desplazamientos más productivos surgirá de aquellos ámbitos que se habían pensado hasta ahora como bajos fondos de la victimización femenina y de los que el feminismo no esperaba un discurso crítico: las trabajadoras sexuales, las actrices porno y los insumisos sexuales. Buena parte de este movimiento se estructura discursiva y políticamente en torno a los debates del feminismo contra la pornografía que comienza en Estados Unidos en los años ochenta y que se conoce con el nombre de "guerras feministas del sexo".

Los resultados perversos del movimiento antipornografía se pusieron de manifiesto en Canadá, donde al aplicarse medidas de control de la representación de la sexualidad siguiendo criterios feministas, las primeras películas y publicaciones censuradas fueron las procedentes de sexualidades minoritarias, especialmente las representaciones lesbianas sadomasoquistas.

Frente a este feminismo estatal, el movimiento posporno afirma que el Estado no puede protegernos de la pornografía, ante todo porque la descodificación de la representación es siempre un trabajo semiótico abierto. Se crea una estética posporno hecha de películas de terror, literatura gótica, dildos, vampiros y monstruos, películas porno, manga, diosas paganas, ciborgs, la música punk, la performance en espacio público como útil de intervención política, el sexo con las máquinas.
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Arriba, extracto de Mujeres en los márgenes, artículo de Beatriz Preciado. Abajo, La autora (luciendo perilla) con Virginie Despentes, de la que tradujo al español Teoría King Kong.




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