Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los líderes, contra las autoridades, contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra la maldad espiritual en los Cielos.
(Efesios 6, 12)
¿Por qué Leibniz defendía con tanta pasión sus verdades eternas y se aterraba tanto ante la idea de que habría que subordinarlas al Creador?...
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