22/9/13

Si te dicen que caí


1 comentario:

SBP dijo...

Una vez tuve un profesor cuyo despacho era así. Él era grande y sin embargo, entre los libros se diluía, como una lagartija al sol.

Atenas y Jerusalén

¿Por qué Leibniz defendía con tanta pasión sus verdades eternas y se aterraba tanto ante la idea de que habría que subordinarlas al Creador?...