En aquel entonces a los sudafricanos blancos les gustaba considerarse los judíos de África, o por lo menos los israelíes de África: astutos, sin escrúpulos, fuertes, con los pies en la tierra, odiados y envidiados por las tribus a las que dominaban. Todo falso. Una pura tontería. Hay que ser judío para conocer a un judío, como hace falta ser mujer para conocer a un hombre. Esa gente no era dura, ni siquiera era astuta, o no lo era en grado suficiente. Y, desde luego, no eran judíos. En realidad, eran criaturas en el bosque. Así es como los considero ahora: una tribu de bebés cuidados por esclavos.
22/1/12
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